Ganar.
Perder.
Perder ganando.
Ganar perdiendo.
Tienes
tanto en qué pensar que no sabes cómo empezar. Por eso decides, sin pensar, parar
de planear.
No
cabe todo. Es hora de seleccionar.
A ver…
Las risas las pondré abajo, nunca se arrugan, y
si lo hacen se reirán de sí mismas, fijo que no les importará. Las lecciones…mmm… Esas las pondré ahí, a la derecha, al
lado de los zapatos, así les enseñarán por donde pisar.
A su
izquierda colocaré los buenos momentos, así
podrán ayudar a suavizar. De los malos recuerdos…De
esos sólo llevaré la mitad. Eso es. Así está bien, ¿para qué más? Si no…se van a
multiplicar. Las ganas de empezar no voy a dejar
ni una atrás, nunca se sabe lo que se puede presentar.
Sin duda alguna, es el más valioso equipaje que jamás he preparado. Cerraré la
cremallera a esta etapa con una sonrisa y gran satisfacción porque ha sabido darme
lo que necesitaba. Justo lo que necesitaba, ni más ni menos.
Y es
que he aprendido que no siempre necesitamos que salga todo bien. Al fin y al cabo, la vida está llena de luces y brújulas.
Benditas
tormentas de arena que aparecen cuando todo está en calma, y en silencio te
cubren con un espeso polvo de incertidumbre para que puedas ver todo más claro
cuando se hayan ido.
Benditos
imprevistos que te hacen añicos tus milimetrados planes y ponen tu vida patas
arriba.
Bendito
el día en que me di cuenta de lo cerca que quiero estar de lo que realmente me
importa en la vida.
Benditas las ganas de volver a casa.

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