sábado, 4 de junio de 2016

Fatum

Fatum, -i.


Una vez tuve una conversación con él. Fue de esas que ocurren un día cualquiera. Pero, a la vez, de esas que nunca se olvidan.

Allí estábamos, dos mentes inquietas una tarde de invierno alrededor de esa mesa de camilla testigo de tantas.

- El destino. - Me dijo - ¿Tú crees en el destino, hija? ¿Qué es el destino?

- Lo que creo es que el destino lo hacemos nosotros, abuelo. Tomamos decisiones, o no, y eso nos conduce en una dirección o en otra.

- ¿Pero no crees que cada uno tiene su libro escrito ya, hija?

- No lo sé, abuelo. Pero... ¿Quién lo sabe?

Él me miró y asintió con la cabeza, lo que acompañó con un largo parpadeo.

En estos siete años desde aquella fría tarde han pasado muchas cosas. Tantas que ni por asomo hubiéramos llegado entonces a imaginar. Tantas situaciones. Tantas direcciones. Tantas decisiones.

Hoy, desde otro extremo del planeta, le diría que he avanzado en el enigma. Efectivamente, yo estaba en lo cierto, tomamos decisiones y eso nos lleva por un camino o el otro. Pero lo que más me gustaría decirle es que él tampoco se equivocaba. Sin lugar a dudas, también creo que el destino es un libro con final ya escrito. El cómo llegar hasta él corre de nuestra cuenta, pero definitivamente... Pasará lo que tenga que pasar.

Por lo pronto, yo sigo tomando decisiones.




No hay comentarios:

Publicar un comentario