martes, 10 de enero de 2017

2017.




Dejarse llevar, suena demasiado bien.
Jugar al azar, nunca saber donde puedes terminar.


O empezar.




viernes, 17 de junio de 2016

Bendito equipaje

Ganar.
Perder.
Perder ganando.
Ganar perdiendo.


Tienes tanto en qué pensar que no sabes cómo empezar. Por eso decides, sin pensar, parar de planear.

No cabe todo. Es hora de seleccionar.

A ver… Las risas las pondré abajo, nunca se arrugan, y si lo hacen se reirán de sí mismas, fijo que no les importará. Las lecciones…mmm… Esas las pondré ahí, a la derecha, al lado de los zapatos, así les enseñarán por donde pisar.

A su izquierda colocaré los buenos momentos, así podrán ayudar a suavizar. De los malos recuerdos…De esos sólo llevaré la mitad. Eso es. Así está bien, ¿para qué más? Si no…se van a multiplicar. Las ganas de empezar no voy a dejar ni una atrás, nunca se sabe lo que se puede presentar.

Sin duda alguna, es el más valioso equipaje que jamás he preparado. Cerraré la cremallera a esta etapa con una sonrisa y gran satisfacción porque ha sabido darme lo que necesitaba. Justo lo que necesitaba, ni más ni menos.

Y es que he aprendido que no siempre necesitamos que salga todo bien. Al fin y al cabo, la vida está llena de luces y brújulas. 

Benditas tormentas de arena que aparecen cuando todo está en calma, y en silencio te cubren con un espeso polvo de incertidumbre para que puedas ver todo más claro cuando se hayan ido.

Benditos imprevistos que te hacen añicos tus milimetrados planes y ponen tu vida patas arriba.


Bendito el día en que me di cuenta de lo cerca que quiero estar de lo que realmente me importa en la vida.

Benditas las ganas de volver a casa. 





sábado, 4 de junio de 2016

Fatum

Fatum, -i.


Una vez tuve una conversación con él. Fue de esas que ocurren un día cualquiera. Pero, a la vez, de esas que nunca se olvidan.

Allí estábamos, dos mentes inquietas una tarde de invierno alrededor de esa mesa de camilla testigo de tantas.

- El destino. - Me dijo - ¿Tú crees en el destino, hija? ¿Qué es el destino?

- Lo que creo es que el destino lo hacemos nosotros, abuelo. Tomamos decisiones, o no, y eso nos conduce en una dirección o en otra.

- ¿Pero no crees que cada uno tiene su libro escrito ya, hija?

- No lo sé, abuelo. Pero... ¿Quién lo sabe?

Él me miró y asintió con la cabeza, lo que acompañó con un largo parpadeo.

En estos siete años desde aquella fría tarde han pasado muchas cosas. Tantas que ni por asomo hubiéramos llegado entonces a imaginar. Tantas situaciones. Tantas direcciones. Tantas decisiones.

Hoy, desde otro extremo del planeta, le diría que he avanzado en el enigma. Efectivamente, yo estaba en lo cierto, tomamos decisiones y eso nos lleva por un camino o el otro. Pero lo que más me gustaría decirle es que él tampoco se equivocaba. Sin lugar a dudas, también creo que el destino es un libro con final ya escrito. El cómo llegar hasta él corre de nuestra cuenta, pero definitivamente... Pasará lo que tenga que pasar.

Por lo pronto, yo sigo tomando decisiones.




viernes, 22 de abril de 2016

Aquí


Es como mirar sin ver. 


Es cierto que aquí el sol te contempla la mayoría del tiempo y que las palmeras rozan con sus sensuales y afiladas hojas los límites del cielo. Es cierto que hay edificios curiosos interesados sólo por lo que ocurre a kilómetros del suelo. También es cierto que todos formamos un pintoresco arcoiris de pieles de la gama más amplia. 

Eso es cierto. 

Pero es cierto también que cada uno conserva sus convicciones, sus valores y sus principios. Su idioma, su religión y su costumbre. Su manera de decir algo, cuando en realidad quiere decir otra cosa. Su manera de sentir la vida o de reconocer sin pudor alguno la omnipotencia de su divinidad. Su indiscutible resignación ante situaciones que bajo otro prisma no causan más que desconcierto. Su forma de disfrutar el tiempo.

Su forma de interpretar la vida.

Su forma de sentir. 

Ciertamente, aquí sólo queda el respeto. 

Eso sí que es cierto. 




martes, 10 de noviembre de 2015

Changes



Estamos hechos de momentos. 
De momentos de cambio. 
Y es que el cambio lo cambia todo.




viernes, 22 de mayo de 2015

Worthwhile

Es básicamente ser sin estar y estar sin ser.

La distancia hace mella. Hace mella en las personas, en las relaciones. Roba momentos de esos que dejan sin aliento. Se apodera de todo, lo mete en su zurrón y te deja sin nada. Te roba lo mejor y te sirve en bandeja lo peor. Y cuando te das cuenta, te faltan piezas y no puedes acabar el puzzle.

MENTIRA.

La distancia hace mella. Hace mella en las personas, en las relaciones. Roba momentos de esos que dejan sin aliento. Se apodera de todo, lo mete en su zurrón y te deja sin nada. Te regala lo mejor y también lo peor. Y cuando te das cuenta, las piezas del puzzle han encajado a la perfección.

La distancia sucks. Básicamente porque te pierdes momentos mientras estás viviendo otros. Pero resulta que la distancia también rocks. Básicamente porque es la herramienta más eficaz para detectar lo auténtico que tienes en tu vida. Elimina lo ficticio, lo forzado, lo que no es real. Y así, establece el equilibrio perfecto para que cuando vuelvas, cuando ya no existan kilómetros, ni pantallas ni fotos que contemplar, puedas disfrutar con total tranquilidad de la autenticidad de tu vida. 

De lo que realmente importa. 



lunes, 18 de mayo de 2015

26

A veces, simplemente te pierdes. Sin darte cuenta. 
Y otras, te encuentras encontrándote.
Es lo que tiene conocerte.


Perseguir algo que quieres requiere esfuerzo, dedicación y confianza. Sobre todo confianza en que podrás conseguirlo, en que no pueden pararte, en que ninguna barrera será lo suficientemente nada como para hacer que te rindas. 

El problema de las metas estriba en cómo las disfrutamos. Antes de llegar a la meta, tu cuerpo siente nerviosismo, adrenalina y un descanso anticipado generalizado. Al poner el primer pie en ella, tu mente se excita y saca todo su coraje. Es entonces cuando la alcanzas y el sentimiento de poder te dura una media de 15 segundos. Tras esos 15 segundos, necesita inmediatamente pensar en la próxima carrera, en tu próximo reto. 

No disfrutamos de haber llegado, ni de las nuevas vistas, ni siquiera nos alegramos de lo que aprendimos; sino que usamos esa meta para divisar la siguiente cima a alcanzar; para estudiar durante unos minutos la perspectiva que más nos conviene y ¡Zas, volver a empezar!

Yo, esta vez, después de mucho tiempo, he decidido llegar a mi meta con una hamaca, unos prismáticos y algo para picar. He decidido disfrutar de las vistas y hacer balance del recorrido durante estos 26 años. Y sólo cuando crea que es el momento, doblaré mi hamaca, me colgaré los prismáticos e iré a por la siguiente. Eso sí, este kit ya viene conmigo para las venideras porque no está bien no disfrutar de las vistas como se merecen.

No está bien dejar de soñar.