A veces, simplemente te pierdes. Sin darte cuenta.
Y otras, te encuentras encontrándote.
Es lo que tiene conocerte.
Perseguir algo que quieres requiere esfuerzo, dedicación y confianza. Sobre todo confianza en que podrás conseguirlo, en que no pueden pararte, en que ninguna barrera será lo suficientemente nada como para hacer que te rindas.
El problema de las metas estriba en cómo las disfrutamos. Antes de llegar a la meta, tu cuerpo siente nerviosismo, adrenalina y un descanso anticipado generalizado. Al poner el primer pie en ella, tu mente se excita y saca todo su coraje. Es entonces cuando la alcanzas y el sentimiento de poder te dura una media de 15 segundos. Tras esos 15 segundos, necesita inmediatamente pensar en la próxima carrera, en tu próximo reto.
No disfrutamos de haber llegado, ni de las nuevas vistas, ni siquiera nos alegramos de lo que aprendimos; sino que usamos esa meta para divisar la siguiente cima a alcanzar; para estudiar durante unos minutos la perspectiva que más nos conviene y ¡Zas, volver a empezar!
Yo, esta vez, después de mucho tiempo, he decidido llegar a mi meta con una hamaca, unos prismáticos y algo para picar. He decidido disfrutar de las vistas y hacer balance del recorrido durante estos 26 años. Y sólo cuando crea que es el momento, doblaré mi hamaca, me colgaré los prismáticos e iré a por la siguiente. Eso sí, este kit ya viene conmigo para las venideras porque no está bien no disfrutar de las vistas como se merecen.
No está bien dejar de soñar.