Es básicamente ser sin estar y estar sin ser.
La distancia hace mella. Hace mella en las personas, en las relaciones. Roba momentos de esos que dejan sin aliento. Se apodera de todo, lo mete en su zurrón y te deja sin nada. Te roba lo mejor y te sirve en bandeja lo peor. Y cuando te das cuenta, te faltan piezas y no puedes acabar el puzzle.
MENTIRA.
La distancia hace mella. Hace mella en las personas, en las relaciones. Roba momentos de esos que dejan sin aliento. Se apodera de todo, lo mete en su zurrón y te deja sin nada. Te regala lo mejor y también lo peor. Y cuando te das cuenta, las piezas del puzzle han encajado a la perfección.
La distancia sucks. Básicamente porque te pierdes momentos mientras estás viviendo otros. Pero resulta que la distancia también rocks. Básicamente porque es la herramienta más eficaz para detectar lo auténtico que tienes en tu vida. Elimina lo ficticio, lo forzado, lo que no es real. Y así, establece el equilibrio perfecto para que cuando vuelvas, cuando ya no existan kilómetros, ni pantallas ni fotos que contemplar, puedas disfrutar con total tranquilidad de la autenticidad de tu vida.
De lo que realmente importa.

